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Tres anuncios.

8 de mayo de 2015. jaume pey ivars.

Es bien de mañana cuando, tras arrancar el coche, pongo la radio y me asalta una voz adulta y de hombre radiando un partido de fútbol. No retengo las palabras exactas pero es algo así: “¡El delantero se acerca al borde del área!, ¡regatea!, ¡¡va a disparar…!!” Y creo que anuncia ‘falta’ cuando se interrumpe y dice: “¡Chsssst! ¡Que viene el árbitro!”. Entonces se oye una puerta metálica y una irónica voz de mujer pregunta: “¿Qué estabais haciendo?”. “Nada”, le contesta el hombre con cierto temor… Y a continuación nos recomiendan un coche -cuya marca no recuerdo- por su amplitud.

¡Vaya! Se trataba de eso. ¡Un anuncio! Y el coche es ‘tan amplio’, nos viene a decir, que hasta padre e hijo pueden jugar al fútbol… Pero eso sí, y esto es lo que más me sorprende -lo que probablemente no revela otra cosa más que mi ingenuidad-, mientras no llegue el árbitro, es decir, la autoridad, es decir, ¡La Madre!

El anuncio es revelador porque todo buen anuncio -y este podría muy bien serlo- busca la identificación del oyente/espectador/lector… En este caso, tiene la habilidad de coincidir con el lugar que ha venido ocupando, últimamente, el padre actual en el marco de la familia nuclear. Un niño más que juega con el hijo, un entretenimiento para ese hijo -y en eso parece consistir ser un buen padre-, peligrosamente al lado del hijo y enfrente de la madre, cuya autoridad reconoce y frente a la cual cede.

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En el nombre del padre

1 de abril de 2015. jaume pey ivars

Otra encrucijada de la masculinidad (en hombre y en mujeres): EL PADRE. Y dos historias: El rey león, Cómo entrenar a tu dragón. En definitiva, el padre… y el hijo del padre.como-entrenar-a-tu-dragon padre

Cuando hablamos del padre, como de la madre, no nos referimos a la persona “real” que hay tras ese rol, sino a la posición simbólica que asume en la mente del hijo o la hija (y que no coincide, tampoco, con el padre real: es una construcción del hijo/a). De ahí que no debamos pasar por alto el hecho de que en muchas de las historias hechas para niños el padre suela ser un rey, del mismo modo que la madre suele ser más bien una madrastra (previa muerte de la madre de la infancia). En este sentido, podemos decir que el padre-rey debe tener algo que ver, en la mente del niño, con la ley, con la autoridad y la legitimidad. Pero no la autoridad de un rey tirano que se confunde a sí mismo con la ley, sino la de un rey que “representa” esa ley y trata de hacerla presente… con equivocaciones, claro, pero con sentido del deber, casi siempre. La ley ‘atraviesa’ su persona; es ante todo rey y padre, y sólo en segunda instancia hombre. Seguir leyendo En el nombre del padre