“El “verdadero sexo” no existe (Notas sobre la sexualidad “natural”)

30 de noviembre de 2014

tizian_mars_venus-und-amorSomos muchas (y muchos) las que queremos educar a nuestros hijos e hijas sin tabúes en todo lo que respecta al sexo. Queremos que puedan hablar de ello con nosotros, sus madres y padres, que puedan contarnos y preguntarnos todo aquello que necesiten para que su sexualidad sea vivida de forma satisfactoria para ellos y ellas. Porque los conocimientos básicos en cuanto a los procesos fisiológicos implicados en la reproducción humana ya los reciben en el colegio desde que se incorporaron a los contenidos curriculares del último ciclo de Educación Primaria. Pero sabemos por propia experiencia la gran cantidad de dudas y curiosidades que despierta el sexo, que no se trata únicamente de la reproducción, y queremos que nuestros hijos e hijas puedan abordarlas junto a nosotros con libertad, sin tapujos. Lejos parecen quedar ya aquellas familias en las que no se podía hablar de sexo con los hijos. Lejos sobre todo aquél discurso en el que el sexo era valorado como algo de lo que avergonzarse e incluso sucio o “pecaminoso”.

Pero no se puede eliminar un discurso sin sustituirlo por otro, pues los humanos necesitamos de la palabra para situarnos ante la realidad y proporcionarle un sentido. Y escuchando a las adolescentes y a las mujeres con las que tengo la oportunidad de reflexionar en los diferentes espacios en los que participo, he llegado a la conclusión de que hemos sustituído aquél discurso por el de “lo natural”. Para eliminar todos esos juicios y prejuicios de la visión tradicional anterior, hemos apostado por un discurso sobre el sexo basado en lo fisiológico: el sexo es algo natural porque forma parte de nuestra constitución física como seres humanos, al igual que en otros animales, al igual que otras funciones de nuestro organismo. Todo lo relacionado con nuestros órganos sexuales, sus funciones y sus posibilidades son equiparables a las de cualquier otra parte de nuestro cuerpo: menstruar es tan natural en la mujer como respirar, parir tan natural en la mujer como en cualquier otro animal. Abordar el sexo como algo natural-biológico parece que nos libra de toda esa carga ideológica de otra época…. sin embargo una carga igualmente pesada entra en juego en este nuevo dircurso de lo natural que viene a sustituir al anterior.

Porque en el ser humano todo lo natural se articula desde la cultura y no puede ser de otra manera. No hay nada que sea “el sexo” como realidad objetiva en el ser humano. El sexo en los humanos no puede entenderse (ni vivirse) fuera de la sexualidad como discurso, es decir, fuera de los modos que construimos en torno a las prácticas y vivencias del sexo y de nuestro ser varones o mujeres en la sociedad. La sexualidad nunca es algo natural que venga dado desde lo biológico, y si la calificamos como “natural” lo estamos haciendo desde determinados parámetros históricos y culturales. Tal y como nos mostró el filósofo Michel Foucualt en su Historia de la sexualidad, la sexualidad es una construcción histórica y política (además de psicológica, subjetiva), una de las dimensiones donde más claramente se ponen en juego diferentes mecanismos de poder.

¿Qué queremos decir, entonces, cuando decimos que el sexo es “natural”, que la menstruación o el parto son procesos “naturales”?

En primer lugar usamos “natural” como sinónimo de “naturalidad”: para recoger nuestra voluntad de que ese determinado aspecto de la sexualidad sea incorporado a la normalidad. Decimos a nuestros hijos que el sexo es algo natural como forma de decir que es algo que forma parte de nuestras vidas, que forma parte de nuestra cotidianeidad, algo de lo que no hay que avegonzarse pero tampoco algo a lo que haya que dedicarle excesiva atención En este sentido estaríamos ante una idealización new age al considerar la naturaleza como un modelo liberador frente a una cultura tradicional que hemos considerado opresora. En todo lo referente al sexo y para que éste sea lo más satisfactorio para nuestras vidas debemos seguir aquello que nos marca la naturaleza, porque formamos parte de ella. Siguiendo la denominación de Foucualt, sería la búsqueda del “verdadero sexo“, “un orden de cosas donde se podría imaginar que sólo cuentan la realidad de los cuerpos y la intensidad de los placeres“, obviando precisamente toda la herencia con la que cada individuo vive esos momentos o procesos en los que se ve implicada su sexualidad.

Pero que la naturaleza se convierta en el ideal tiene más implicaciones con respecto a la sexualidad, porque llegamos a identificar lo natural con “emocionalmente controlable”: algo es natural si no es traumático, si es vivido por el individuo de forma tranquila, sin alterarse demasiado, con una vivencia positiva de la misma desde el mismo momento en que se produce. Decimos que queremos que nuestros hijas vivan su primera menstruación como algo natural para indicar que no queremos que deje en ellas una huella de sufrimiento… porque si la vivencia no es agradable, entonces no es natural. Una mujer con un fuerte síndrome premenstrual es que no vive sus reglas como algo natural. Una preadolescente que se rebela ante su primera menstruación no lo vive como algo natural. Una pareja que tiene problemas en sus primeras relaciones sexuales no lo están viviendo como algo natural. Porque si es natural es algo bueno, siempre bueno, e incluso fácil y agradable. Algo que muestra claramente la idealización ligth de la naturaleza que realizamos con este discurso pues ¿qué hay en la naturaleza que no manifieste fuerza desbordante, potencia que excede cualquier mecanismo de control humano?

Hemos caído una vez más en la trampa del discurso de lo emocional centrado siempre en lo positivo, en las ganancias del individuo y nunca en las pérdidas, en la moderación frente al exceso, en la palabra que quiere apresarlo todo y olvida la inconmensurabilidad de lo sentido. Porque la naturalidad esconde un ideal que no contempla las posibilidades menos satisfactorias en la vivencia de la sexualidad ni otra dimensión del ser humano más que la puramente material.

Como consecuencia de este discurso de la sexualidad natural nos encontramos con personas que consideran que hablar con sus hijos del sexo como algo natural les posibilitará necesariamente tener una buena vivencia de todas las dimensiones de su sexualidad. Y entonces decir que es algo natural se convierte en una forma de protegernos frente a las dificultades que ellos puedan encontrar en su vivencia y que tal vez nos comuniquen, de resguardarnos de nuestras propias dificultades, especialmente de las que podemos tener para abordar ciertas cuestiones con ellos y ellas, de tapar la dimensión trascendente del ser humano que también se pone en juego en el sexo por mucho que como occidentales postmodernos nos empeñemos en negarla: la que nos habla de la vida y de la muerte en nuestro ser, de la vida y de la muerte en el universo, la de todo eso que no podemos nombrar y con lo que nos encontramos en el encuentro sexual con otra persona, todo eso que habla de nosotros mismos como sujetos deseantes, todo lo que nos trae el placer.

Pero además este discurso sobre el sexo como algo natural ha llevado a algunas personas a olvidar algo más importante aún, y es que la sexualidad forma parte de la intimidad de la persona y que, si no se desea, no debe ser compartida con los demás (sean quienes sean, aunque sean los propios padres o precisamente por ello). Éste es el caso de aquellas personas que, con la excusa de que la sexualidad es algo natural consideran que tienen derecho a traspasar los límites que los propios hijos, amigos, hermanos, etc manifiestan como importantes y solicitan ser informadas “con detalles”. Madres que quieren que sus hijas les hablen de la pérdida de su virginidad o que sus hijos varones les hablen de sus relaciones sexuales porque es algo natural; padres que no entienden que sus hijas tengan dificultades para informarles en determinadas situaciones de la llegada de su primera menstruación si nunca han cerrado la puerta del baño, si siempre se ha podido hablar de sexo con naturalidad. Padres y madres que no entienden que sus hijas no quieran que su primera menstruación sea de dominio público en la familia extensa cuando es algo “natural”.

Por eso hoy me parece importante destacar los peligros de esta concepción de la sexualidad desde lo natural. Porque no existe ese “verdadero sexo” desligado de los supuestos históricos y culturales, cercano a lo puro, instintivo, animal, emocionalmente libre de dificultades. Tal vez se trate más bien de escuchar: primero a nosotros mismos, nuestro propio camino en el desarrollo de nuestra sexualidad para identificar nuestras propias dificultades, nuestras herencias y también nuestros logros; para poder escuchar a nuestros hijos sin aleccionarlos, escucharlos en sus palabras y en sus silencios, sin dar por supuesto cómo deben sentirse o cómo deben afrontar su propia sexualidad, sin suponer que tenemos la respuesta que los llevará a la felicidad, sin pretender explicarlo todo pero sin renunciar a hablar con ellos desde el respeto que como personas se merecen.

Os dejo el siguiente anuncio que con humor habla de algunas de estas cuestiones.