Feminidad consciente

2 de noviembre de 2014

feminidadesEn algún momento de nuestra vida todos buscamos dar respuesta a una serie de preguntas que nos interpelan de forma radical como seres humanos con consciencia de nuestro ser: quién soy, por qué estoy aquí, hacia dónde voy. Pero para poder abordar estas preguntas sin respuestas definitivas tendremos que enfrentarnos a otros muchos interrogantes que las acompañan. Algunos podrán aparecer en forma sumamente abstracta, esas que el filósofo Martin Heidegger resumió como la pregunta fundamental de la metafísica : ¿Por qué el ser y no la nada?”; otras serán sobre nuestra existencia particular y nuestras decisiones: ¿por qué decidí hacer esto? ¿por qué no acepté esa oportunidad? Y entre estos dos extremos, ciertas preguntas pueden asomar con fuerza: la pregunta por la propia sexualidad, por los modos de vivirla, por la especificidad que determina el sexo, la pregunta por el género…. ¿Qué supone ser mujer? Para mí, en mi día a día, en mi forma de vivir mi trabajo, mis relaciones personales, con mi cuerpo; qué significa ser mujer para los demás, para la sociedad en general, para mi pareja, para mi familia de origen… Preguntas que no se responden de forma sencilla, que no tienen respuestas claras, pero preguntas que muchas queremos responder porque sabemos que algo de nuestra felicidad como mujeres está implicada en ellas.

Cuenta Simone de Beauvoir, autora de El segundo sexo, obra clave del feminismo y fundamento de la lucha por la igualdad entre hombres y mujeres, que decidió escribir el libro cuando una noche conversando con su pareja J.P Sartre éste le preguntó qué había supuesto para ella ser mujer, y ante aquella pregunta ella se contestó : “nada”. Desde ese “nada” ella se dispuso a analizar todos los discursos que habían llevado a considerar la feminidad como un elemento de diferenciación que situaba a la mujer en posición de inferioridad en el conjunto de la sociedad.

Somos muchas las que hemos crecido en el discurso que afirmaba que ser mujer no era algo diferente a ser hombre. Y aquello que supuso una conquista de libertades en el ámbito público, abriéndonos puertas al estudio, al trabajo, a la independencia, también supuso un silenciamiento de todos los planteamientos que preguntaban por la especificidad de la mujer, de su cuerpo de mujer, de sus deseos de mujer, de sus necesidades. Se dio por supuesto que la pregunta por la mujer dejaba de tener sentido en la medida en que todos nos calificamos como seres humanos, más allá de ser hombres o mujeres; pero también en la medida en que esta pregunta se redujo a una cuestión de derechos o de relación con el poder que podíamos o no podíamos tener.

Pero ese silenciamiento es difícil de sostener para las propias mujeres, porque a veces nuestro cuerpo de mujer se empeña en recordarnos que somos diferentes y a partir de ahí se abren un sin fin de interrogantes; e incluso porque algunos dicen que ese cuestionamiento es algo intrínseco a la propia mujer en su configuración psíquica. Aunque no sepamos muy bien cuál es el motivo, el hecho es que hoy en día son muchas las que quieren seguir profundizando en su especificidad como mujeres, las que quieren acoger su cuerpo de mujer de otro modo, sin negar los propios procesos corporales y sus potencialidades (en la menstruación, en el embarazo, el parto, la lactancia, la menopausia); muchas las que ya no queremos que nadie nos diga que da igual ser hombre que mujer… porque no da igual.

Por eso la pregunta por la feminidad, por la propia, por la heredada desde la familia y la sociedad, pero también por la construida individualmente a partir de todo ello, se convierte en una pregunta importante que queremos abordar en nuestra existencia… para poder vivir la feminidad desde la consciencia. Para situarnos ante los discursos heredados pensando cuáles queremos aceptar y cuáles no; para conocernos a nosotras mismas, nuestros mecanismos, nuestras tendencias, y poder llegar a disfrutar de nuestro ser mujer con plenitud, más allá de lo que otros nos digan sobre ello. Hacerlo junto a otras, además, siempre nos enriquece, pues en ese compartir nos encontraremos a nosotras mismas reflejadas en las demás, porque en ese compartir nos sentiremos en encuentro con la humanidad.

Y tal y como decía la filósofa Simone Weil, “cuando se desea pan, no se reciben piedras”. Cuando una mujer desea situarse con conciencia ante sí misma, desea descubrir quién es y cómo ha llegado a ser lo que es, desea cambiar algunas cosas y busca con fuerza la felicidad en su vida de mujer, sin duda alguna, descubrirá la belleza, la salud, la vida que habita en ella en cualesquiera circunstancias que se encuentre.

De todo esto empezamos a hablar el pasado miércoles en el inicio de nuestro Seminario Feminidades. Enhorabuena a las nueve mujeres que con valentía y honestidad compartieron con el grupo sus inquietudes, sus deseos, sus emociones y sus necesidades en esto de contemplarse como mujeres, de repensar su feminidad. Les deseo una feliz travesía y les ofrezco mi sostén para lo que necesiten en este trayecto que nos mantendrá unidas hasta marzo de 2015.

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