La “locura” de las mujeres: el síndrome premenstrual

27 de mayo de 2014

Mujer en tres estados munch the three stages of woman las tres 3 edades de la mujer edvard munch 1894El pasado 10 de mayo, el periódico La Vanguardia publicaba una noticia realmente sorprendente cuyo titular decía así: “Casi uno de cada tres divorcios se debe al síndrome premenstrual de las mujeres”. Según este diario, a tales conclusiones podemos llegar a partir de un informe de la SEGO (Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia) que habla de la necesidad de atender a este síndrome. Como no tenemos acceso directo a ese informe, no podemos ver hasta qué punto las conclusiones de la SEGO están directamente relacionadas con el índice de divorcios o si se trata de una interpretación muy libre por parte de los periodistas. Sin embargo no deja de ser bastante común el tratamiento del síndrome premenstrual como causante de problemas en la vida de las mujeres que acaban afectando a los que tienen a su alrededor. La mujer afectada por este síndrome “no es ella” o “está rara”, y por eso la pregunta “¿te va a bajar la regla?” suena a justificación para comprender que en esos días previos a la menstruación la mujer está “diferente”.

La SEGO define el síndrome premenstrual (SPM) del siguiente modo: Síndrome premenstrual” (SPM), también denominado “tensión premenstrual” (TPM), es el término que se utiliza para describir la amplia variedad de síntomas que muchas mujeres experimentan durante la segunda mitad del ciclo. Se estima que hasta un 75% de las mujeres experimentan uno o más de estos síntomas todos los meses. Entre estos síntomas se incluyen: Senos sensibles, Depresión, Ansiedad, Dolor de cabeza, Cansancio, Irritabilidad y agresividad, Hinchazón abdominal, Antojos.(…) En la mayoría de las mujeres, los síntomas causan solamente una incomodidad o dificultad de leve a moderada, pero en algunos casos el SPM puede ser agudo. Es lo que se conoce como “trastorno disfórico premenstrual”(TDPM).

Siguiendo esta definición, me atrevo a afirmar que ese 75% es demasiado poco y que realmente cualquier mujer tendrá alguno de esos síntomas apuntadoscon mayor o menor intensidad siempre que esté en condiciones normales de salud psíquica (esto es, que no viva su cuerpo como algo ajeno a ella misma) y en condiciones de no alteración hormonal de sus ciclos (es decir, que no utilice tratamiento hormonal para la anticoncepción o para otras cuestiones que puedan interferir en el desarrollo de sus ciclos). Porque, como la misma SEGO recoge, el SPM “es probablemente la respuesta del cuerpo a los cambios que se producen en los niveles hormonales relacionados con el ciclo menstrual”

Por eso no podemos estar más de acuerdo con la SEGO, y afirmar que, efectivamente, es necesario “tratar” el síndrome premenstrual siempre que ese “tratar” signifique atender a esos síntomas que la mujer puede sufrir en los días previos a su menstruación en tanto que para ella pueden ser causa de malestar e incluso de sufrimiento. Atender como sinónimo de escucha sin juicio, de observación, más bien de auto-observación por parte de la mujer, para poder darle un valor a aquello que sucede en su cuerpo y que de algún modo pone de manifiesto cómo se encuentra. Atender para buscar el bienestar de la persona en su totalidad, de ese cuerpo que también es psique, de esa mente que es cuerpo.

Pero observar no es proporcionar una interpretación explicativa que simplifique aquello que estoy viviendo al estilo “me duele la cabeza cada mes antes de menstruar porque no soporto a mi jefe”, pues este tipo de discursos sobre una misma se convierten en miradas sesgadas que impiden realmente comprenderme en lo que soy. Es más, este tipo de discursos pueden acabar convirtiéndose en nuestros escudos contra lo que estamos viviendo y con ello en obstáculos para poder acceder realmente a lo que sentimos: al intentar pasarlo todo por la racionalización bloqueamos la emoción, buscamos la forma de evitar que aflore, porque en realidad nos gustaría no sentirla. Decirme a mí misma que me duele la cabeza porque no soporto a mi jefe puede convertirse en una trampa para intentar no sentir esa rabia que quiere salir, para intentar controlarla desde la represión y no desde la búsqueda de contención. Y, siguiendo las palabras de una de las mujeres que participó en nuestro taller sobre el ciclo menstrual al hablar de su SPM, cuanto más reprimo el Chucky que llevo dentro, más agresivo se manifiesta, más reforzado consigue salir…

Así, darle valor a lo que me sucede significaría permitir al cuerpo ser y expresarse, escucharlo tal y como nos proponía el filósofo del siglo III a. C. Epicuro. Porque según Epicuro el cuerpo no engaña y cuando se manifiesta con dolor es porque está buscando una armonía que no encuentra. Cuando la mente se desliga del cuerpo, cuando quiere ir por su lado y no quiere respetar los límites corporales, cuando decidimos forzar el cuerpo y por ello forzarnos, entonces éste gritará en forma de dolor. El dolor es nuestro gran aliado y cuando hay dolor significa que nuestro cuerpo nos está pidiendo atención para poder recuperar el auténtico bienestar que me llevará a la felicidad.

Aunque no sea una perspectiva científica, aunque tan solo sea una propuesta filosófica para reflexionar sobre cómo alcanzar la felicidad, Epicuro nos sirve para hablar de nuestro SPM. Desde esta perspectiva, ese conjunto de síntomas que aparecen con intensidad variable según la mujer -e incluso según el momento vital de una misma mujer -pueden interpretarse como un síntoma de salud, como una forma de que mi cuerpo me diga que tal vez hay aspectos de mi vida que deben ser revisados, que tal vez hay aspectos de mi feminidad que no vivo con satisfacción, que tal vez estoy en un momento vital complicado, que tal vez necesito descansar, o cuidarme o quererme o todo a la vez. Y tal vez me digan que no estoy bien con mi pareja, pero eso es muy diferente a decir que el SPM es causa de divorcio. Y ya sé que puede parecer extraño esto de afirmar que un intenso dolor en los riñones o la irritabilidad es síntoma de salud, pero la experiencia (la propia y la relatada por otras mujeres) me permite decir que no es algo descabellado.

No obstante, aprender a reconocer aquello que hay de saludable en cada uno de los síntomas que manifiesta mi cuerpo puede ser todo un reto en nuestros días. Escuchar y permitirnos vivir nuestro SPM puede no ser fácil, y es cierto que a veces esos síntomas pueden presentarse con tal virulencia que nos sintamos desbordadas por ellos. Por eso creemos necesario que la mujer disponga de ciertas herramientas personales para poder afrontarlo, que se atreva a hacerlo, que busque los modos de trabajarlo. Y tal vez considere que entre esas herramientas se encuentran los fármacos, pero desde luego no son la única ni la más eficaz de las posibilidades (a no ser que se busque esa eliminación de los síntomas y nada más).

Por la información reseñada en las diversas noticias que hablan de esto, sospechamos que cuando la SEGO habla de “tratar” no se está refiriendo a este modo de atender a los síntomas. Porque en nuestra sociedad “tratar” se ha convertido en sinónimo de “medicar”. La medicalización se ha convertido en el principal recurso para conseguir que el cuerpo y sus procesos desaparezcan al máximo, que nos moleste lo mínimo posible para poder seguir con nuestra frenética actividad. Por eso no nos sorprende leer propuestas como la de tratar el TDPM con antidepresivos como el prozac. Sin entrar en jucios (que no estoy capacitada para hacer) sobre el fundamento bioquímico de esta propuesta, no nos extraña que la solución propuesta para tratar a esas mujeres cuyos síndromes prementruales pueden ser realmente dolorosos e incapacitantes, sea un antidepresivo. Los síntomas que se consideran deben ser tratados son los que dejan a la persona “más vulnerable ante las situaciones de estrés, a las cuales responde con ansiedad o agresividad”.

 Y es cuando leo esto que no puedo dejar de pensar en el filósofo Michel Foucault, cuando en su análisis de la medicalización nos cuenta cómo desde el siglo XIX la medicina es medicina social, es decir, que la medicina que nace de la introducción de la anatomía patológica es una medicina en la que el interés por el cuerpo del individuo se convertirá en un interés porque el individuo sea productivo en el conjunto de la sociedad; porque si no es productivo el sistema no se sostiene. Dice Foucault: “El control de la sociedad sobre los individuos no se opera simplemente por la conciencia o por la ideología sino que se ejerce en el cuerpo, con el cuerpo. Para la sociedad capitalista lo importante era lo biológico, lo somático, lo corporal antes que nada. El cuerpo es una realidad biopolítica; la medicina es una estrategia biopolítica”.

Una mujer cuyo SPM se manifiesta como ansiedad o agresividad es una mujer que entra en un estado que no la deja desarrollar con normalidad su actividad, que es incapaz de establecer relaciones con normalidad incluso con su pareja. Medicarla para que recupere la normalidad lo antes posible es la mejor opción. Al igual que pasa con cualquier transtorno mental que impide la socialización de la persona, el SPM especialmente en su variante más aguda (el TDPM) debe ser tratado con fármacos, pues de hecho, según lo que hemos podido leer en la información de la SEGO, el TDPM tiene categoriazación de transtorno psíquico que debe ser tratado por un psiquiatra o psicólogo.

Este planteamiento me hace pensar que vivimos en un mundo muy loco y que la locura de la fase premenstrual, esa que nos hace sentirnos cansadas o irritables, la que nos pone emociones a flor de piel, la que hace presente nuestros cuerpos de mujer, esa locura es una gran oportunidad para la cordura, para buscar y reflexionar sobre cómo queremos vivir…. Por eso algunas optamos por aprender a convivir con el Chucky que llevamos dentro, ese que representa todas las emociones negativas, esas que la sociedad no quiere, esas que incluso nosotras mismas podemos vernos tentadas de eliminar por indeseables. Atender a Chucky, mirarlo, llevarlo a jugar al parque, cantarle si hace falta, escuchar lo que nos dice al oido, sin duda nos hace más sabias, porque nos habla de nosotras mismas, de quiénes somos. Y así vemos que con el tiempo y la práctica, Chucky ya no necesita gritar ni herirnos tanto. Y muchas veces, al mismo tiempo que nuestro síndrome premenstrual se transforma, también lo hace nuestra vida. Porque no sabemos si realmente el SPM es motivo de divorcio, pero de lo que sí estamos seguras es de que se trata de una “locura” de las que nos permite desarrollar toda nuestra creatividad.

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P.D: hay en internet toda una campaña titulada “por una fase premenstrual y creativa” surgida precisamente a partir de esta noticia, sin embargo nos parece importante añadir a las numerosas reflexiones volcadas en la red que tal vez la fase premenstrual no sea feliz y aún así podemos llegar a vivirla de forma satisfactoria para que pueda ser realmente creativa.