La regla es un asco…¿y siempre lo será?

27 de enero de 2014. elena martínez navarro

s-dali_galatea-de-esferasTengo una amiga que me dice que alucina cada vez que le hablo de la menstruación, que me conoce y sabe que no le miento, pero que diga yo lo que diga, “la regla es una asco y siempre lo será”. Y cuando me dice esto me acuerdo de ella hace ya muchos años, cuando llevaba todo el pelo recogido en una larga trenza de espiga y me decía lo mismo, cuando éramos preadolescentes y nos pasábamos los días investigando quién la tenía y quién no, cuando nuestra gran preocupación antes de irnos al campamento con los chicos —porque nosotras estudiábamos en un clase solo de chicas y los chicos eran esos extraños con los que nos encontrábamos en verano procedentes del colegio de los curas— era que no nos bajara en mitad de una excursión o que no se manchara la piscina de sangre. Y me acuerdo de mí, no hace tantos años, cuando siendo ya una mujer adulta seguía sintiendo la menstruación como una losa que tenía que soportar todos los meses.

Por eso entiendo que se quede estupefacta cuando le cuento que para mí descubrir la menstruación como elemento fundamental de la feminidad, de mi corporalidad, de mi sexualidad, observarla como indicador de cómo me encuentro, de cómo integro mis emociones o de cómo me peleo con ellas ha supuesto un camino de reconciliación conmigo misma y con la propia menstruación. No el único, pero sí uno muy importante. Por eso entiendo que me mire con cara rara cuando además le digo que reconocerme cíclica me ha ayudado enormemente para no malgastar fuerzas en determinados momentos y para desarrollar potencialidades en otros, para respetarme, para cuidarme. Teniendo en cuenta el discurso recibido, la educación (entendida en sentido amplio, mucho más allá del ámbito escolar), la posición coherente es la de mi amiga y la que durante mucho tiempo fue la mía.

Sin embargo no se trata de que yo haya alcanzado un supuesto saber frente a mi amiga que todavía no ha llegado a él y por eso mi vivencia de la menstruación haya cambiado; no se trata de algo que otro —un experto— le pueda enseñar, algo que le venga dado desde fuera. Aprender las diferentes fases del ciclo y el movimiento hormonal que en ellas se produce no implicará necesariamente tener una vivencia más placentera (o simplemente menos conflictiva) de la menstruación… nosotras también dimos en nuestro colegio “el aparato reproductor femenino” y sus procesos. Puede ayudar en la comprensión de una misma, pero poco más. Entonces, si no se trata de un “saber” de este tipo ¿de qué se trata? ¿qué camino habría que seguir para alcanzar el objetivo de una mejor vivencia de la menstruación? ¿Acaso no hay unos pasos que me indiquen el recorrido? ¿Cómo conseguir cambiar o reconducir una forma de enfrentarse a un proceso corporal y/o personal? Tal vez es que no se trata tanto de alcanzar un “saber”…

Si seguimos la interesante teoría sobre el cuerpo y su relación con la conciencia y el pensamiento de Spinoza (filósofo del siglo XVII) podemos afirmar que el cuerpo es nuestro gran “desconocido”: nuestro conocimiento del mismo solo accede a la punta del iceberg. El cuerpo posee toda una serie de potencialidades que solo podemos intuir a partir de los efectos que se manifiestan en él, pero no accedemos a las causas, al porqué de esos efectos. Si mis reglas son muy dolorosas puedo elaborar toda una teoría que hable de cómo mi útero se contrae o de cómo influye el estrés en esa sensación dolorosa pero lo cierto es que eso no mitigará el dolor y que ese discurso solo es un reflejo fragmentado de lo que la corporalidad está mostrando. Nuestro cuerpo escapa a lo que nosotros mismos sabemos de él, a todo lo que podamos “decir” de él, pues en ese decir tan solo recogemos la visión que sobre él hemos ido construyendo a lo largo de nuestra vida y que a su vez se basa en lo que sobre nuestro propio cuerpo han dicho los otros (familia, sociedad, ciencia, etc). Reconocer que las palabras solo recogen una parte de lo que es el cuerpo permitirá que éste pueda hablar en su propio lenguaje, que no es el discurso, que no es el de la verdad y la falsedad. Y a eso podemos llamarlo“conocimiento”, pero desde luego se trata de algo diferente a un conocimiento teórico, consciente.

Aceptar que en el cuerpo se producen numerosos procesos a los que no tengo acceso desde la palabra nos llevará a algo que, según Spinoza, es aún más importante para comprendernos como seres humanos: aceptar que el pensamiento supera la conciencia que se tiene de él. Cuerpo y pensamiento son aspectos diferentes sobre una y la misma cosa, sin embargo nos empeñamos en separarlos como entidades diferenciadas. Creemos que podemos elaborar, otorgarle un sentido a todo nuestro pensamiento, pero al igual que sucede con el cuerpo, numerosos aspectos que determinan nuestros modos de pensar escapan a nuestra conciencia. Y al igual que sucedía con el cuerpo, aceptar que la conciencia es limitada nos permitirá desplegar el pensamiento…que éste pueda hablar su propio lenguaje más allá de lo consciente, en íntima relación con lo que sucede en el cuerpo.

Así, vivir la regla como “un asco” es el resultado de muchos elementos corporales y de pensamiento no conscientes, pero no por ello inmodificables. ¿Puede alguien conseguir cambiar esa vivencia cuando no le resulta satisfactoria? Desde luego que sí, pero tal y como decíamos anteriormente, no se tratará de algo que nadie le pueda enseñar, no se tratará de elaborar un discurso en el que recojamos una nueva interpretación del mismo sabiendo en qué momento nos encontramos en cada uno de los días del ciclo. Contar con un nuevo discurso sobre el mismo podrá facilitar la reconciliación, pero nunca es suficiente… porque efectivamente no se trata de un “saber”, sino de un abrirse a la posibilidad de ser y sentir de otro modo diferente al establecido en el cuerpo y en el discurso como el único válido, un ejercicio de apertura a que el cuerpo pueda mostrarse en otros modos posibles. Hacer conscientes en la medida de lo posible los modos de vivir el ciclo porque con ello se modifican mis pensamientos y con ello mi vivencia de la corporalidad.

Por eso cada vez que una mujer dice que “la regla es una asco” me alegra escucharlo, porque en realidad ese es el primer paso para poder cambiar esa vivencia, porque suele mostrar —aunque no siempre— que el cuerpo está pidiendo a gritos otra forma, pero que tal vez no encuentra el camino de hacerlo posible. Cuando una mujer adquiere conciencia de que su vivencia de la menstruación no es la que ella desearía, ya está realizando el primer movimiento para que esa vivencia cambie…

Pero permitir que el cuerpo cambie, que el pensamiento cambie, aceptar que la conciencia no controla ni registra todo no es tarea fácil. A veces nos hace adentrarnos en un camino con trayectos oscuros en los que podemos tener la sensación de no poder continuar, en el que tal vez descubramos algún lobo detrás de un gran árbol… un camino que seguramente no seremos capaces de trazar de antemano ni siquiera de dibujar cuando echamos la vista atrás, pero que efectivamente no nos deja en el mismo lugar. Por eso puede hacerse imprescindible sentirse acompañado, para no sentir que morimos en ese intento de cambio, para no sentir que nos perdemos en ese camino. Escuchar a otras mujeres que se encuentran en un proceso similar y además sentir que hay una mano en quien apoyarme cuando no sepa por dónde seguir, hacen que las probabilidades de cambio aumenten y que el recorrido pueda ser mucho más agradable….

¿Te animas?

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