Mariposas de piedra: mujeres a escena

mariposasjuntas11 de diciembre de 2013

Acudir a ver una obra de teatro y encontrarte con la piel de unas mujeres que muestran majestuosas su corporalidad, llenando con su presencia cada rincón del escenario, es uno de esos regalos que nos hace la vida para hacernos presente su belleza. Esperar ver una representación teatral y encontrarte con la verdad de las emociones encarnada en el cuerpo de otras mujeres, es toda una oportunidad para el disfrute y el autoconocimiento.

MARIPOSAS DE PIEDRA no es una obra de teatro más.  Mariposas de Piedra dispara preguntas como dardos al corazón de quien la contempla. Es grito desgarrador y silencio profundo; es soledad amarga y reencuentro con los otros; es miedo de niña y sabiduría de anciana, es la valentía de la locura y la locura de los cuerdos. En Mariposas de Piedra el ser mujer se desvela y se muestra en su delicada complejidad: mujer paralizada ante la inevitable levedad de la vida, como ligeras mariposas en continua transformación; pero al mismo tiempo mujeres que corren y huyen aterrorizadas ante el peso de la existencia, fusionadas con las piedras.

Aunque suene todo muy abstracto, no creo que sea posible hablar de este trabajo del Laboratorio de Investigación Teatral de Alberto Celdrán de otro modo, porque sin duda nos encontramos ante una muestra de auténtico ARTE (con mayúsculas). Sería una traición al planteamiento mismo de la obra intentar elaborar un hilo conductor discursivo que contara su argumento, porque en ese intento las mariposas se nos escaparían de entre las manos. Cada espectador podrá hablar de lo que al verla vivió de un modo diferente, pues consigue acercarse -a veces con caricias, a veces con duros golpes- a lugares de nuestro ser más íntimo. Porque en Mariposas de Piedra lo que importa no es lo que se muestra sino que eso que se muestra abre un camino de recorrido individual y por ello auténtico. Como dice el filósofo Mark C. Taylor, “En el único arte que importa, lo que ves no es lo que ves; al contrario, lo que no ves es lo que ves. Dado que lo visible y lo invisible son inseparables, la figuración y la desfiguración están tan entretejidas que empiezas a aprehender-lo que no equivale a comprender-algo más; algo que no está exactamente allí, o que está allí al no estar allí. Este invisible que está presente en su ausencia es lo que te hace volver a por más”. Solo el arte consigue mostrar aquello que no podemos describir, ni medir, ni pesar, ni analizar desde lo racional. Solo el arte nos permite conectar con nuestro ser más oculto.

Por eso tenía que aparecer esta entrada en este blog, porque Mariposas de Piedra posibilita una aproximación a la feminidad de un modo nada habitual. Seguramente -como casi siempre- estamos hablando de algo que tiene que ver más con lo humano que con una cuestión de sexo o de género; sin embargo me resulta imposible desligar lo que allí se cuenta de la anatomía de la mujer, de esas mujeres con útero, con pechos, mujeres de pelo largo y brazos repletos de surcos de vida. Por eso se convierte en una oportunidad de acercamiento a la feminidad: no por las historias que hay en ella -que también- sino por todas las mujeres que hay en cada una de esas mujeres que se muestran, que no parecen actuar, que nos interrogan con sus gestos.

MARIPOSAS-DE-PIEDRA-pdm-front-e1386760364294Aunque no sé cuál es el proceso de preparación de un trabajo así, creo que podemos afirmar sin equivocarnos demasiado que sus actrices se han atrevido a mirar dentro de sí mismas, rebuscando hasta llegar a esos lugares poco transitados de las emociones intensas, atravesando el espejo sin saber qué encontrarán al otro lado, imaginando como es la vida en ese otro lado, sin siquiera saber si serán capaces de volver. Es una mirada valiente que se vuelve hacia las entrañas y se manifiesta en unos ojos que gritan, en unas manos que tiemblan, en unas piernas que corren sin destino. Una mirada que solo se apacigua cuando se encuentra con otros ojos, cuando se dirige hacia otra mujer a la que consolar, a la que tocar, con la que sentir. Ese recorrido ha quedado inscrito en sus cuerpos y por eso pueden mostrarse con la increíble autenticidad con que lo hacen. Se muestran bellas, maravillosamente bellas, honestas, libres por la locura, por el desconcierto, el dolor, la tristeza y la desesperación ante las heridas de vida. Y ese recorrido que ellas han hecho es lo que posibilita el recorrido hacia adentro de quien va a verlas… porque eso es lo que está sin estar, lo que se transmite, lo que se comunica precisamente porque no se dice, porque solo se puede comunicar de mujer a mujer, de piel a piel…

Esperamos poder poner fecha muy pronto para una nueva representación de la obra ligada a nuestro proyecto Femenino Plural. Os iremos informando para todos aquellos que se atrevan con el desafío y quieran disfrutar de teatro del bueno. De momento, nuestra sincera admiración y agradecimiento a su director Alberto Celdrán, por posibilitar esta mirada en las protagonistas y en los espectadores. Y nuestro más caluroso aplauso para las espléndidas Amparo Antón, Chantal Carpí, Manuela Damas, Mireya Duart, Aurora Martínez, Lucía Moreno, Beatriz Pérez, Patricia Torregrosa y Puri Pol, haciendo mención especial a Morela Giménez por la magnífica música que sin duda es parte fundamental de esta obra.