Mujeres de piel: humanizadas por nuestra menstruación

Martes 24 de septiembre de 2013

Chromatics SeriesQuerido diario, me llamo Magdalena, pero todos me llaman Malena, que es un nombre de tango. Hace casi un año que tengo la regla, así que ya me parece muy difícil que la Virgen quiera convertirme en un chico, y creo que voy a ser más bien un desastre de mujer”  (Almudena Grandes, Malena es un nombre de tango, Tusquets pag 91)

Cuando nacieron los talleres de Femenino Plural (Primera regla y ciclo Menstrual) desde el convencimiento de que la forma en que vivimos nuestra menstruación pone de manifiesto multitud de consideraciones explícitas y/o implícitas que tenemos como mujeres sobre nuestra feminidad, pensaba en esta cita de Malena que me ha acompañado desde los 17 años.
 
Malena cree que ser varón sería la solución a todos sus problemas, que solo la intervención divina puede sacarla de su malestar como niña en una familia de mujeres con las que nada tiene que ver, mujeres que entienden la feminidad solo desde la apariencia ante los demás, sin mirar nunca lo que hay dentro porque están demasiado ocupadas complaciendo a los demás para compadecerse y complacerse a sí mismas.
 
Malena siente – porque eso es lo que recibe de las palabras y los gestos de su madre- que ella pertenece a ese otro tipo de mujer de las que las propias mujeres dicen que son un desastre, mujeres que suenan a tango, a cuerpo, a deseo, a sexo, a tierra. Malena sabe que ser de ese tipo de mujer conlleva muchos riesgos, que en la mayoría de ocasiones estas mujeres se pierden, se hieren a sí mismas haciendo cosas que no les convienen mientras buscan responder a quiénes son desde una feminidad diferente a la que les han transmitido. Pero ella quiere ser feliz, y por eso busca su propio camino, lejano al de la madre-buena pero también diferente al de la tía mala de quien había heredado el nombre. Y para recorrer ese su camino tiene una auténtica aliada, aunque al principio le parezca una enemiga: su regla.

La regla hace que Malena se enfrente a la realidad, a su realidad de niña; la obliga a mirar sus propios miedos, su corporalidad, a tener que cuestionarse qué mujer quiere ser y cómo va a serlo. La regla la saca de la fantasía de imaginarse varón sin saber en absoluto qué significa eso, y la deja sangrando, la empuja a tener que construirse…

Esa es mi interpretación de la historia de Malena – con el permiso de Almudena Grandes-, pero también, cada una con sus propios matices, la de otras muchas mujeres que buscan responderse a la gran pregunta de qué significa ser mujer.
Hay muchos modos de abordar esa cuestión, tanto a nivel personal como desde el ámbito teórico (tal y como ha hecho la filosofía desde autoras como Mary Wollstonecraft hasta Simone de Beauvoir, por citar a dos de las importantes de épocas diferentes), pero en muy pocas ocasiones se ha mirado hacia lo corporal como manifestación de las propias creencias y vivencias, como indicador del camino por el que llegar a la respuesta que pueda ser para mí la satisfactoria. Esa respuesta no tiene que formularse en palabras (aunque tal vez eso sea necesario para algunas mujeres) pero sí se trata de un sentir… sentir que “soy mujer, y me siento bien con mi feminidad”. Y tal y como le pasa a Malena, nuestro ciclo menstrual puede convertirse en un gran aliado para ello, para conocernos y reconocer qué nos está pasando en el momento en el que estamos, para recoger todo lo que vaya suscitando.
Mirar nuestra propia historia con nuestro ciclo, aprender a darle espacio como parte de nuestro ser puede constituirse en una herramienta fundamental para llegar a la propia identidad, la que sale de dentro y recorre la piel para mostrarla al mundo, la que es única, individual e intransferible. No se trata de excluir la perspectiva de los discursos de género que hacen hincapié en la importancia que tiene el discurso social, los roles que se asignan a la mujer y todas otras cuestiones políticas al respecto. No se trata tampoco de excluir arquetipos que nos puedan ser útiles en ese proceso de re-conocimiento de nosotras mismas, pero sí de no olvidarse de lo fundamental y es que en mi vivencia de la menstruación solo yo tengo la llave para acceder a lo que soy. Ni feministas cargadas de leyes, ni chamanas repletas de remedios, ni gurús que quieren hacerme creer diosa despistándome de lo que me hace más humana, nadie, solo cada mujer puede acceder a ella misma y entender qué le dice su menstruación, qué significa para ella ser mujer. Sumar factores siempre es positivo si con ello conseguimos una mayor comprensión de la realidad que nos rodea, pero sin olvidarnos de nosotras mismas. Sentirnos acompañadas y con posibilidad de ser sostenidas para tener donde cogernos en ese camino de introspección, sí, pero sin entregar a nadie la llave de nuestro castillo.

Y si mirar el propio ciclo puede ser uno de los modos de acercarnos a nuestra propia respuesta a la pregunta sobre qué significa ser mujer, parece ineludible recordar en algún momento ese primer día en que apareció la sangre, porque en multitud de casos ese fue el primer día en que alguien nos dijo “ya eres una mujer”. Pero al volver muchas veces encontramos heridas que todavía escuecen; tal vez ya no escuecen pero las cicatrices han endurecido la piel dejándola insensible o bien al contrario, desarrollando una increíble hipersensibilidad ante cualquier contacto …o emociones sin palabras, de las que no sabemos ni cómo abordar. Otras mujeres encuentran lo contrario, demasiadas palabras, la mayoría vacías porque no recogen lo sentido, discursos sobre óvulos y ovarios que resultaban ajenos, o mensajes contradictorios que solo querían expresar lo positivo, que hablaban de la suerte de ser mujer y transmitían con su aliento una condena; o palabras que intentaban alejarse de todo lo que sonara a sexo, que escondían que para llegar al otro lado hay que atravesar todo un bosque. Son tantas las vivencias como mujeres… Porque ser mujer no es un concepto, porque ser una misma va más allá de todos los referentes recibidos, porque solo cada mujer puede saber qué es para ella ser mujer. Y eso es precisamente lo que nos enriquece como parte de esta humanidad nuestra.

Por eso cuando escuchamos a otras mujeres hablar de sus menstruaciones, en especial de la primera, se produce toda una revolución en nuestro interior: ese maravilloso sentirse reflejado en el otro que nos une en nuestro ser humanos, pero al mismo tiempo la constatación de que somos diferentes, de la exclusividad de mi vivencia desde la que mi individualidad adquiere pleno valor. Sentirnos reconocidas pero únicas, acompañadas pero no invadidas, nos da la fuerza necesaria para atrevernos a contemplar la sangre con los ojos del alma que cuestiona. Para sentirnos cómodas en nuestra piel y así sabernos terrenales, con todo el placer, con todo el dolor de la vida que nos recorre; para respirar, para gozar, para amar, para disfrutar de lo que somos, para regalarnos y regalar una vida auténtica a este mundo que nos acoge. 

Este es el fundamento de Femenino Plural, y también de este blog que lo acompañará a partir de ahora. Porque para que cada mujer pueda hacer su camino podemos servirnos de multitud de recursos que la creatividad humana pone a nuestro servicio. Por eso aquí compartiré reflexiones y curiosidades que puedan ser sugerentes (porque así lo han sido para mí) sobre esa gran pregunta que nos ocupa: qué es ser mujer. Lo haré desde mi experiencia de mujer que ama la filosofía, desde los autores, textos y artistas que nos pueden dar pistas para el pensamiento y de las lecturas e investigaciones sobre la menarquia (primera menstruación) en las que me encuentro ocupada; pero también desde mi experiencia como acompañante de mujeres, desde la maravillosa experiencia que suponen los talleres de Femenino Plural en los que tengo la suerte de contactar con mujeres dispuestas a realizar ese viaje hacia su interior de la mano de sus cuerpos, y de madres que quieren acompañar a sus hijas hasta el inicio del bosque habiéndoles proporcionado una buena cesta llena de recursos para la supervivencia. Os espero por aquí (y/o en los talleres)… espero que nos encontremos.