Padres en crianza (III): ¿constelación paterna?

20 octubre de 2014. Fidel Romero Salord

En la entrada anterior… sobre estar o no estar en el círculo poníamos de manifiesto que los padres durante la crianza tenemos sin duda un papel importante y necesario en el “círculo organizativo”. Las dinámicas han cambiado. Salir de casa, antes de tener un bebé era algo que podía gestionarse en diez minutos. Ahora es un éxito logístico tras hora y media de sincronización de horarios, cambio de pañales, provisión de enseres, cálculo de tomas y acuerdos familiares. Nuestra capacidad de simplificar determinados problemas, prestar nuestras habilidades e ingenio y dedicar tiempo al cuidado físico del bebé es una aportación valiosa al sistema familiar.

Hay algo realmente más difícil que criar un hijo en pareja: criarlo en solitario. Criar un bebé no es solo una cuestión afectiva, es también un problema logístico.

Ahora bien, quedaban en el aire las preguntas sobre si como padres ¿podemos aspirar a algo más? ¿No existe también, para nosotros, una “constelación paterna” que nos permita ubicarnos en este nuevo espacio?.

Hablando con algunos padres de la constelación materna y su posible transposición a los varones descubrimos que, caso de existir una constelación paterna, no es un calco simétrico de la constelación materna. Antes de comenzar con sesudas reflexiones, permitámonos una sonrisa con la particular interpretación de lo que el artista Héctor Velázquez entiende por “constelación paterna”

Constelacion paterna

Volviendo a la crianza, que es donde estábamos, hemos de recordar que en la constelación materna el eje es fundamentalmente vertical: la madre con el bebé, la madre consigo misma, la madre con su propia madre.

La experiencia emocional de los varones durante la crianza no suele configurarse así. Es cierto que el bebé suele ocupar un espacio significativo. Llena nuestras vigilias nocturnas, se evoca en la somnolencia diurna. Para muchos de nosotros llena de colores nuestra vida emocional incluso cuando los reclamos laborales nos impiden una mayor presencia. Sin desmerecer esa relación paterno-filial, para muchos de nosotros, el eje horizontal, el que nos liga con nuestras parejas suele tener tanta o más importancia.  Seguimos necesitando de ese intercambio de miradas que permiten reconocernos como hombres al lado de una mujer.

Finalmente, aunque tiene un papel secundario, cobra una cierta importancia, la vivencia hacia nuestros propios padres. No es una relación sencilla, pues supone recolocarnos nosotros en la posición de padres y a ellos en la posición de abuelos.

Quizás en próximas entradas podamos ir desgranando algunas de las experiencias que se mueven en esta triple relación: nosotros con nuestros bebés, nosotros con nuestras parejas y nosotros con nuestros padres… En este blog, como en la crianza, se nos va acumulando la faena.

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