Padres en crianza (II)… estar o no estar en el círculo.

15 octubre 2014. Fidel Romero Salord

CirculoEn la última entrada del blog presentábamos la constelación materna, como una nueva situación en la vivencia de las mujeres-madres.

Esta nueva situación nos suele llenar de perplejidad a los varones que no entendemos qué está pasando. Con frecuencia solemos considerar excesiva la atención de nuestras parejas hacia el bebé, sentimos que nuestras suegras ocupan mucho espacio en la realidad o la nostalgia de nuestras parejas y recibimos, de una forma u otra, mensajes que, si bien reclaman nuestra participación en la crianza también la desautorizan.

Por poner una imagen que ayude a entender esto en el inicio de la crianza la familia queda con frecuencia dividida en círculos. Está el “núcleo caliente” de la intensa relación afectiva entre la madre y el bebé. Es el círculo afectivo en el cual nuestras posiciones no son demasiado seguras. La mirada del bebé hacia su madre y la mirada de la madre del bebé no es la misma mirada que recibimos nosotros como padres y compañeros.

Hay un núcleo “de dirección“, en el cual mamá-bebé hacen alianza con otras mujeres del circuito familiar, especialmente de la familia materna. Hay que notar que, aun en el caso de que la relación de nuestra pareja con su madre o sus hermanas sea de tensión, su presencia en la crianza sigue siendo significativa bien como nostalgia, emulación o rivalidad. En este círculo directivo nosotros aportaremos, a todo lo más a nuestras madres y hermanas con hijos aunque, en su condición de suegra y cuñadas no siempre son acogidas con agrado. Es dentro de este círculo donde se toman las decisiones sobre aquello que es “bueno o malo” para el bebé (que va desde el color de las cortinas hasta decisiones más significativas sobre sus ritmos, salud o alimentación). En algunos casos la ausencia de los varones de este círculo es evidente y en otros se mantiene un cierto simulacro de participación, dando el visto bueno a decisiones que ya han sido previamente cocinadas… no siempre es así, pero tampoco es nada extraño.

Finalmente está el “círculo organizativo” y allí somos convocados. Resultamos válidos para cambiar los pañales, pero insuficientes para sosegar a nuestros hijos. Entramos de pleno derecho en el reparto de tareas pero no tanto en el de caricias. Se nos requiere en la ejecución de la compra familiar, pero no en la selección de lo que nuestro bebé necesita. Podemos vestir al bebé, pero no escoger con acierto su ropa. Este papel de intendencia es importante pero no siempre satisfactorio.

Sin duda somos un puntal fundamental en la organización doméstica. Organización que tiene que ver con los aspectos prácticos y también en la relación emocional. Facilitamos un marco de seguridad y una cobertura básica que facilita la fusión entre la madre y el bebé en el posparto. Nosotros participamos de esta fusión aunque no en el mismo grado. En algunas situaciones extremas simplemente formamos parte del inmenso ajuar que los bebés necesitan como un artilugio práctico, dentro de una larga lista.

Ahora bien ¿podemos aspirar a algo más? ¿No existe también, para nosotros, una “constelación paterna” que nos permita ubicarnos en este nuevo espacio? ¿Qué moviliza el bebé en nosotros? ¿Alrededor de qué estrellas gira nuestra vida?

… a ello esperamos dedicar la próxima entrada.

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